«La Cara de Dios» lo pinté tras unos meses viviendo en Sacedón. En verano sacaba a mi perra muy temprano y los amaneceres que me regalaba desde este sitio son dignos de guardarlos de mil maneras. Es posible que cada uno de los días fotografiara este momento, y cada día me parecía más bonito. Observaba como los primeros rayos del sol entraban por el pequeño cristal de la pequeña torre . Y lo observaba solo por el breve momento que se dejaba ver, pues en muy poco tiempo el cielo deja de estar rosa, los rayos dejan de ser dorados y el fresco deja de serlo.
A4 21 x 29,7 cm | Reproducción Fine Art de la obra original, impresa con tintas pigmentadas sobre papel artístico 310 gr, 100% algodón, que ofrece gran fidelidad cromática, alto nivel de detalle y calidad de conservación






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